Subirte al tren y olvidarte del reloj: las rutas más bonitas y baratas para recorrer España sin prisa
Hay algo que pasa cuando te subes a un tren regional un martes por la mañana y ves cómo la ciudad se va quedando atrás entre bloques de pisos y luego, de repente, aparece el campo. Los olivares. Un río que no sabías que existía. Una sierra que no tiene nombre en tu cabeza pero que te deja con la boca abierta. Eso es lo que el avión te roba y el tren te devuelve: el viaje en sí mismo.
En España, el tren tiene mala fama injusta. Todo el mundo habla del AVE —caro, rápido, funcional— pero pocos hablan de los trenes que van despacio, que paran en pueblos con nombres impronunciables y que cuestan lo mismo que un menú del día. Esos son los que nos interesan aquí.
Por qué el tren regional es el secreto mejor guardado del viajero listo
Los trenes de Cercanías y los servicios Media Distancia de Renfe son, probablemente, la herramienta de viaje más infravalorada del país. Un billete de Madrid a Cuenca en tren convencional puede costar menos de diez euros. El trayecto dura algo más de dos horas, sí, pero atraviesa la Serranía conquense con una belleza que ningún aeropuerto puede ofrecerte.
Lo mismo ocurre con el tren que conecta Valencia con Xàtiva, o el que sube desde Málaga hasta Ronda serpenteando entre montañas. Son rutas que los locales usan para ir al trabajo o visitar a la familia, y que los viajeros curiosos han empezado a descubrir como experiencias en sí mismas.
La clave está en no tener prisa. Si necesitas estar en Sevilla a las tres de la tarde sí o sí, el tren lento no es tu opción. Pero si lo que buscas es llegar a algún sitio con algo que contar, el tren regional te lo da.
Rutas concretas para empezar (y por qué valen cada minuto)
Madrid – Sigüenza (Guadalajara) Poco más de hora y media, unos ocho euros y llegas a una de las ciudades medievales más desconocidas de Castilla. Sigüenza tiene catedral, castillo y una plaza mayor que parece sacada de otra época. El tren sale de Chamartín y va parando en pueblos que parecen pausas en el tiempo.
Palma – Sóller (Mallorca) Este es especial. El Tren de Sóller es patrimonio histórico y lleva funcionando desde 1912. Atraviesa la Serra de Tramuntana por túneles y viaductos con vistas que quitan el hipo. No es el más barato —ronda los quince euros ida y vuelta— pero es una experiencia que no tiene precio. Literalmente, la gente viaja desde el otro lado del mundo solo para montarse en este tren.
Bilbao – Balmaseda El Tren de La Concordia, operado por Euskotren, conecta el centro de Bilbao con la comarca de Las Encartaciones a través de un paisaje verde intenso que parece el País Vasco de postal. El billete es barato, el tren es antiguo y el recorrido, de unos cuarenta minutos, resulta sorprendentemente evocador.
Algeciras – Ronda Esta ruta es para valientes y curiosos. El tren sube desde el Campo de Gibraltar hasta Ronda atravesando la Serranía, con curvas, puentes y vistas al mar que se van alejando poco a poco mientras las montañas toman el protagonismo. Ronda, al llegar, ya merece el viaje por sí sola: su tajo, sus puentes y sus bares de toda la vida.
Granada – Almería Un clásico poco conocido fuera de Andalucía. El tren bordea el Parque Natural de Sierra Nevada por el sur, pasa por pueblos blancos y llega a una Almería que siempre sorprende a quien llega sin expectativas. El precio está por debajo de los doce euros y el paisaje cambia radicalmente a medida que el verde se convierte en ocre.
Cómo conseguir los billetes más baratos
La app de Renfe y la web oficial tienen una sección de ofertas que muy poca gente visita con regularidad. Los billetes de Media Distancia suelen ser ya de por sí baratos, pero si los compras con antelación o aprovechas las campañas de descuento puedes reducir el precio todavía más.
Otra opción es el Abono Mensual de Cercanías, que Renfe ha mantenido gratuito o con descuentos importantes en distintos momentos. Aunque está pensado para desplazamientos habituales, nada impide usarlo para explorar los pueblos del entorno de una gran ciudad un fin de semana.
También merece la pena revisar los bonos de Ferrocarrils de la Generalitat de Catalunya (FGC) si viajas por Cataluña, o los abonos de Euskotren si estás en el País Vasco. Cada comunidad tiene sus propias tarifas y sus propias rutas, y algunas son auténticas joyas escondidas.
Lo que pasa cuando bajas del tren
Eso es lo mejor de viajar así: que el destino no lo eliges tú del todo. A veces el tren para en un pueblo que no tenías en el mapa y que resulta tener una iglesia románica, un bar con tapas espectaculares o una feria local que no aparece en ninguna guía. Eso no pasa cuando coges un vuelo directo.
El tren te obliga a ir a sitios intermedios. Y los sitios intermedios son, muchas veces, donde vive la España real: la que no sale en los folletos pero que te deja con ganas de quedarte.
Así que la próxima vez que planees una escapada, antes de buscar vuelos baratos, prueba a meter el destino en el buscador de Renfe. Puede que el trayecto sea más largo, sí. Pero hay una diferencia enorme entre llegar a un sitio y llegar a un sitio habiendo visto el camino.